Torrecillas y nuestra familia.

Nuestro Emilio llegaba a sus dos años de edad y queríamos para él un lugar en donde aprendiera a convivir con más niños y sobre todo que se sintiera seguro y contento. Optamos por el nido Torrecillas por referencias de amigos pero sobre todo porque vimos en este nido un fuerte interés por inculcar los valores con los que nosotros crecimos, creemos que el nido debe ser el complemento de nuestro hogar, para así poder educar en la misma línea y que nuestros hijos vean concordancia en ambos sitios.

El primer día de clases fue para los tres una nueva experiencia, ninguno sabíamos cómo actuar, a los papás nos habían dado recomendaciones pero cuando uno tiene que desprenderse de su pequeñín unas cuantas horas todo parece olvidarse. Desde este momento nos sentimos apoyados, la miss se dio un tiempo para conversar con nosotros, nos permitió conocerla y sobre todo nos dio mucha tranquilidad ver su entrega y preocupación por los niños, finalmente Emilio entró y curiosamente se quedó tranquilo, decidimos quedarnos un momento más en la salita del nido. Al cambio de actividad en el aula nuestro hijo entonó un llanto llamando a mamá, en ese momento Maria Paz, la directora se acercó y nos explicó sobre las reacciones normales de los niños en esa etapa y la mejor forma de actuar para darle seguridad y evitar nuestra ansiedad, nos sentimos comprendidos y más serenos; pusimos en práctica estos consejos sencillos como orden en sus horarios y, explicarle con amor y firmeza lo que pasaría mientras estaba en el nido, entre otros... y finalmente nuestro hijo logró adaptarse. El cariño de la miss y las auxiliares, las actividades y el sentirse en compañía de otros niños pronto le fueron agradando y lo empezó a disfrutar.

La miss apoyada con nosotros desarrolló un programa de mejora, ella nos ha contado reacciones de Emilio en el aula y nosotros le contamos cómo actúa en casa y en la calle. En algún momento tanto la miss como nosotros notamos cosas por mejorar en nuestro hijo, entre ellas que es algo introvertido y por lo tanto le costaba participar en clase, cosa que también se notaba en la calle más no en casa. Nos apoyamos también en la psicóloga, la miss Charito, quien con una sonrisa, muchas buenas ideas y los mejores deseos nos orientó. Lo que notamos también en ella fue el interés por conocernos y tratar de encontrar dónde nacía el comportamiento de Emilio. Primero nos preguntó sobre nosotros como personas y luego como padres y nos explicó cómo se relacionaban sus preguntas con nuestro hijo. Quedamos felices con su trato, en cómo nos hizo ver cosas que podíamos hacer en apoyo a Emilio, y sobre todo que el programa de mejora funcionó.

Emilio lleva periódicamente a casa una tarea, estas tareas están basadas en un valor del cual nos explican previamente la importancia y sus fines mediante boletines y charlas opcionales. Son tareas sencillas pero que a él le demandan esfuerzo, y también son un pequeño reto para nosotros. El dejar el pañal, hacer cosas por sí mismo, controlar sus rabietas, ser participativo en casa, ser ordenado y educado lo motivan a él mismo, ahora él se siente grande y responsable. Curiosamente estos pequeños éxitos en sus tareas también han ido moldeando su carácter, ahora es más extrovertido y cariñoso.

Tenemos un camino largo por delante pero al menos sentimos que no estamos educando con los ojos cerrados: estamos aprendiendo a ser padres y hemos encontrado un gran apoyo.

Eduardo Campoverde Ramírez y Kale García de Campoverde

 

 
     
 
 
 
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