El Orden

El orden es una virtud que está en la base de todas las demás virtudes humanas y les sirve de apoyo. Proporciona confianza y seguridad, y evita contratiempos.

La educación del orden comienza con la propia vida del niño, y es necesario para su correcto desarrollo físico, psíquico y espiritual:

  • Orden en los horarios de comida.
  • Orden en las horas de sueño.
  • Orden en el aseo personal: arreglo, necesidades fisiológicas...
  • Orden en sus salidas de paseo, sus tiempos de juego...

Los niños van desarrollando su propio sentido del orden lógico y tienden a ordenar por tamaños, por tipos, etc. Así vemos que guardan todos los coches juntos, todas las muñecas juntas, o que han distribuido un grupo de libros en grandes y pequeños.

El período sensitivo o sensible del orden se vive con la máxima intensidad entre el año y los tres años. Un niño de dos años sabe perfectamente que cada cosa debe tener su sitio.

Un niño de corta edad es capaz de disfrutar siendo ordenado y, además, necesita orden y estabilidad en su ambiente. Cuando un niño se acostumbra a tener los juguetes ordenados en el mismo sitio, tenderá a mantener el orden, lo hará como un juego más y encontrará satisfacción en hacerlo.

En estas edades, no es difícil lograr que el niño guarde sus juguetes o su ropa en el mismo lugar. Para ello, hay que jugar con él repetidas veces a poner las cosas en el mismo lugar y en el mismo orden. Cuando lo aprende, disfruta poniendo las cosas en su sitio. El niño también piensa que tiene su lugar donde situarse y normalmente le gustará dormir en la misma cama y sentarse a comer en la misma silla.

¿Cómo lograr que los niños dejen las cosas en su sitio sin recordárselo?

En primer lugar debe estar claro cuál es el sitio de cada cosa. A continuación, habrá que ser muy paciente y muy perseverante en la presentación de modelos de conducta ordenada.

Interesa que los niños dispongan de un cajón o caja, estantes y un juguetero a su alcance donde puedan guardar sus cosas. Así se les acostumbra a que cada cosa tiene un sitio y siempre el mismo.

Para que los niños puedan desarrollar el hábito del orden, además de enseñárselo, debemos proporcionarles un modelo repetido. Necesitará unos padres o personas mayores que le sirvan de modelo repetidas veces, para poder imitarlos.

Con la misma facilidad con que son capaces de imitar el orden tienen habilidad para imitar el desorden, si se les acostumbra con el ejemplo a dejar las cosas cada vez en un lugar diferente.

Es importante el ambiente de orden y limpieza (virtudes muy relacionadas) que puede haber en la casa. La limpieza personal es muy importante por razones de higiene, pero también como preparación para permitir a las personas interesarse por el orden.

Son muy eficaces para los más pequeños las cadenas de sucesos, por ejemplo, al regresar del colegio para comer han de:

  1. Saludar a sus padres
  2. Colgar el abrigo.
  3. Lavarse las manos.
  4. Acercar la silla a la mesa.
  5. Bendecir la mesa.
  6. Sentarse a comer.

Pueden establecerse cadenas para la hora de levantarse, de acostarse, de hacer el circuito de psicomotricidad, etc.

Por ejemplo, los niños deben habituarse a:

  • Dejar todo para comer cuando su madre les llama
  • Guardar los juguetes al terminar de jugar.

Como no se trata de que los niños imiten el concepto de orden que tienen su padres, sino de que aprendan a ordenar las cosas, habrá que exigirles que sus cosas estén ordenadas, pero de acuerdo con los propios criterios.

Para ello conviene invitar a los niños a participar en actividades de orden de los padres: ordenar los libros de la biblioteca, limpiar y ordenar los utensilios en la cocina, observar cuando se hace la maleta, etc. También se les pueden pedir razones de su propio sistema de ordenar las cosas para que vayan captando el interés que tiene el encontrar el sitio apropiado para cada cosa, de modo que no se estropee y se lo encuentre con facilidad cuando sea necesario.

Del mismo modo, interesa enseñar a utilizar los objetos ordenadamente: telefonear; pegar unas fotos en un álbum; etc. En cada caso existen unas reglas o pasos para que los hijos lleguen a utilizar el objeto en cuestión adecuadamente.

 
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