La Generosidad

Un niño hasta los 6 años no tiene uso de razón, lo cual nos indica que no puede ser generoso, ni poseer alguna otra virtud, en el pleno sentido de la palabra. Le resultará difícil entender el valor de lo que tiene, la razón de tener que dar algo suyo y le costará descubrir necesidades en los demás.

Por otra parte, los niños a estas edades tienden al egoísmo. Sobre los tres años viven su primera crisis del "yo". Es su afianzamiento como yo-cuerpo, cuando descubren que son diferentes a los demás. Es la edad del "no", donde la terquedad (como autoafirmación) y la fácil irritabilidad tienen cierto parecido con la crisis de la pubertad, en la que vendrá el segundo afianzamiento del yo, esta vez del sí mismo, del yo-espíritu. Esta primera crisis no favorece la tendencia al desprendimiento sino un gran sentido de la posesión.

Por otra parte, los niños a estas edades tienden al egoísmo. Sobre los tres años viven su primera crisis del "yo". Es su afianzamiento como yo-cuerpo, cuando descubren que son diferentes a los demás. Es la edad del "no", donde la terquedad (como autoafirmación) y la fácil irritabilidad tienen cierto parecido con la crisis de la pubertad, en la que vendrá el segundo afianzamiento del yo, esta vez del sí mismo, del yo-espíritu. Esta primera crisis no favorece la tendencia al desprendimiento sino un gran sentido de la posesión.

Pero la siembra hay que hacerla desde que nacen; los hijos se fijan en todo, especialmente en el comportamiento de sus padres y profesoras. El ejemplo, el ser un modelo para los niños, será una constante que nos acompañará siempre.

A partir de los dos o tres años, distinguen perfectamente el mío-tuyo y les gusta dejar clara la diferencia. Desde esta edad, hay que fomentar el hábito de dar, más como costumbre que como virtud, estableciendo la relación entre el dar con la alegría y el querer a los demás. Es conveniente hacerles ver que DAR algo constituye una muestra de cariño; que dos personas que se quieren y son amigas se dan cosas. En estas edades interesa que el niño aprenda a esforzarse por ser generoso con las personas que quiere o que le son simpáticas, buscando agradarles. La sonrisa, el agradecimiento lleno de afecto que reconoce y aprecia el esfuerzo le motivarán a seguir con esos actos también con otras personas.

En este momento hay que enseñarlo como un juego, acostumbrarle a relacionar las palabras: DAR-AMOR-ALEGRÍA-BUENO. El pedagogo alemán Dr. Rudolf Steiner, recomendaba emplear el verbo DAR en vez de tomar o coger, siempre que fuese posible, ya que -con sus palabras- es más educativo enseñar a contar dando manzanas que acaparándolas.

Conviene fomentar en la casa que los niños se presten cosas unos a otros, aunque busquen la contraprestación. Se trata de proporcionar muchas posibilidades de que se esfuercen en dar y compartir, aunque los motivos sean, en principio, insuficientes. Además,con paciencia, interesa sugerir a los hijos actos de generosidad y explicarles la necesidad que tienen muchas personas de recibir, para que vayan desarrollando el hábito de actuar en favor de los demás.

 
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